El rendimiento deportivo sintéticamente se basa en la capacidad de producir la energía necesaria para realizar los gestos deportivos con precisión y de forma prolongada, manteniendo el equilibrio en todos los sistemas funcionales de nuestro organismo.

Para ello, el entrenamiento físico es clave pero, la nutrición lo es tanto o más, ya que es la que nos aportan los sustratos para mantener las estructuras corporales (músculos, huesos, tendones, vísceras) y la funcionalidad de los sistemas cardiovascular, metabólico, neurológico, etc. Por ello, la producción de energía depende de los sustratos que nos aporta la nutrición, y la asimilación de los procesos oxidativos o inflamatorios provocados por el deporte, dependen del aporte de nutrientes antioxidantes o con capacidad antinflamatoria.

Resumidamente, la nutrición es la base de funciones básicas en el deporte como son la disponibilidad de energía (ligada a la ingesta de grasas e hidratos de carbono), la síntesis proteica para el desarrollo muscular (ingestas de proteínas y aminoácidos ramificados), la asimilación de los procesos oxidativos evitando el daño oxidativo (ingesta de vitaminas y minerales antioxidantes), la activación del metabolismo proteico e hidrocarbonado (vitamina B6 y minerales), el transporte de oxígeno (hierro), la inmunoprotección (AAs com glutamina o lisina, vitamina D), la actividad neuronal (vitaminas grupo B, antioxidantes, glucosa), la composición de las membranas celulares a través de las cuales se realizan la mayoría de los procesos metabólicos y energéticos (composición lipídica), los procesos antinflamatorios (PUFA, MUFA), la prevención cardiovascular (grasas, minerales, etc.).

Los estudios nutricionales se basan normalmente en la información aportada por encuestas alimentarias, en el estudio de la composición corporal, y en los resultados de los análisis sanguíneos y de orina. En base a todos estos datos se hacen las recomendaciones al comparar las ingestas reales del sujeto con las recomendaciones estándar (RDA).

Mediante nuestros estudios genéticos podemos profundizar en aquellos procesos metabólico-nutricionales que puedan provocar déficits funcionales, aun cuando se aporten las cantidades teóricamente adecuadas de cada tipo de alimento. Esto permite conocer con precisión los alimentos y nutrientes que necesita el deportista en base a su dotación genética para conseguir el mejor rendimiento deportivo, y hacer una planificación de su dieta absolutamente individualizada para los requerimientos de cada momento de la temporada.

Por todos es conocido que la ayuda más obvia para el entrenamiento es una nutrición adecuada y un reposo adecuado del cuerpo. Pero ¿Cumplimos realmente con estos requerimientos?

Las vitaminas y otros componentes bioactivos de los alimentos funcionan en nuestro cuerpo como verdaderos reguladores metabólicos influenciando, a través de su interacción con receptores diana, una infinidad de procesos fisiológicos cruciales para el ejercicio y la práctica deportiva.

Es el caso de muchas vitaminas del tipo B, las cuales no solo están implicadas en el procesamiento de carbohidratos y grasas para la obtención de energía durante la práctica de ejercicio de intensidad variable sino que a su vez participan en la formación de los glóbulos rojos, principales protagonistas de la entrega de oxígeno a los músculos durante la práctica de ejercicio aeróbico.

Otras vitaminas como la C y la E, también afectan a la práctica de ejercicio físico por su parte, pues actúan como verdaderos antioxidantes que previenen el daño celular durante el entrenamiento, optimizando la preparación pre-competición de los deportistas.

En base a estos y muchos otros datos, podemos observar que no son pocas las relaciones que se han establecido a nivel molecular entre las vitaminas y el rendimiento deportivo.

Dicho esto,

¿Son verdaderamente eficaces los complejos multi-vitamínicos y la suplementación nutricional a la hora de incrementar el rendimiento deportivo?

La respuesta a esta pregunta vendrá siempre ligada y determinada por la estrategia de suplementación que sigamos.

Al igual que ocurre con todos los excesos, no tiene ningún efecto beneficioso dotar al cuerpo de cantidades abusivas de nutrientes con los que ya contamos. La clave para que la suplementación vitamínica resulte eficaz en la optimización del rendimiento reside en identificar aquellos individuos que verdaderamente se pueden beneficiar de ella.

Son numerosas las publicaciones científicas que llegan a la misma conclusión: “La suplementación vitamínica se ha demostrado ineficaz e innecesaria en atletas con unas condiciones nutricionales óptimas, por el contrario, se ha presentado como una estrategia extremadamente eficaz para la mejora tanto del rendimiento deportivo como de la  capacidad recuperación del tejido muscular en atletas  que presentan deficiencias y alteraciones nutricionales”. Y es que la deficiencia de ciertas vitaminas puede afectar de forma muy negativa al rendimiento deportivo.

En concreto, en diversos experimentos, la falta prolongada de vitamina B6 o vitamina C se han presentado como responsables de un acusado descenso en el VO2max y en el umbral anaeróbico del atleta, en menos de cuatro semanas.

La clave reside, por lo tanto, en identificar a aquellos atletas que se enmarcan dentro de grupos de riesgo de presentar deficiencia para ciertos nutrientes y, sobre estos casos, aplicar las medidas nutricionales pertinentes.

¿Es común tener deficiencia vitamínica?

Varios expertos en nutrición deportiva han afirmado reiteradamente que en la actualidad no es muy inusual encontrar a atletas que podrían estar en riesgo de deficiencia para ciertas vitaminas. Por ello, es precisamente esta estrategia de análisis individual la que tenemos que llevar a cabo para dar respuesta a las necesidades personales de nuestros deportistas.

Entre las múltiples casusas de deficiencia vitamínica podemos encontrar las patologías intestinales, la edad o el llevar una dieta desequilibrada, sin embargo, en pocas ocasiones se tiene en cuenta que el factor genético ocupa un lugar importante dentro de este contexto.

Al igual que los polimorfismos genéticos son responsables de las diferencias físicas entre individuos o marcan la propensión a determinadas enfermedades, también juegan un papel crítico en la predisposición de ciertos grupos poblacionales a padecer deficiencia de ciertas vitaminas.

¿Qué puede hacer DNActive por mí?

Desde la aproximación genómica que ofrece DNActive somos capaces de detectar aquellas alteraciones genéticas en la secuencia de determinados transportadores o bien de proteínas diana de las vitaminas y otros componentes bioactivos de los alimentos, que cuentan con mayor peso sobre el rendimiento deportivo.

Sin duda, una aproximación que permitirá una mayor individualización de las intervenciones nutricionales y deportivas con grandes beneficios para el atleta.

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