La obesidad se ha convertido en uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial. Se trata de una enfermedad crónica, compleja y de origen multifactorial que se caracteriza por el exceso de grasa corporal. Tiene efectos adversos en la salud  y en la duración de la vida y se desarrolla, fundamentalmente, debido a un desequilibrio entre la ingesta dietética y el gasto energético, promovido por un elevado consumo de alimentos o productos de alta densidad energética, principalmente ricos en azúcares y grasas de baja calidad y falta de ejercicio físico debido al alto índice de sedentarismo que existe actualmente en la sociedad. Está influenciada por diferentes causas como la predisposición genética, factores epigenéticos, metabólicos, hormonales, medioambientales, de comportamiento y aspectos socio-culturales. El riesgo de padecer obesidad aumenta en un 40% si uno de los padres es obeso y un 80% si ambos lo son.

Como aproximación general, pueden considerarse tres tipos de procesos bioquímicos cuya alteración puede ser causa de obesidad: procesos relacionados con el control de la ingesta, procesos relacionados con el control de la eficiencia energética (aprovechamiento energético) y otros procesos que pueden condicionar la diferenciación de células grasas (adipocitos) como el propio proceso de formación de estas células (adipogénesis) y el metabolismo lipídico (lipólisis, oxidación de ácidos grasos, lipogénesis).

En DNActive se analizan diferentes variantes genéticas (UCP2, ADIPOQ, ADRB2, IL-6, PPARG2) que intervienen en la regulación de procesos del metabolismo como son la oxidación lipídica, gasto energético y adipogénesis. Estas variantes genéticas desencadenan una alteración de los procesos mencionados favoreciendo o evitando que se produzcan determinados cambios fisiológicos asociados a la obesidad:

  • La acumulación de grasa debido a la disminución de la oxidación de ácidos grasos.
  • La acumulación de grasa debido a una disminución del gasto energético.
  • O bien un aumento del número de adipocitos debido a la desregulación de la adipogénesis.

Con el estudio de estas variantes se le ofrecerá una estimación acerca del riesgo que usted presenta para desarrollar obesidad. Por supuesto, hay que recordar que la obesidad no es una enfermedad con base genética del 100%, sino que el medio y el estilo de vida tienen un papel extremadamente relevante y de carácter principal.

Conocer tu propensión genética a la ganancia de peso y aspectos relacionados con la desregulación del apetito nos permite identificar una dieta adaptada para obtener los máximos beneficios en el cuidado de tu salud.

Existen numerosos estudios familiares, casos de adopciones y de gemelos en los que se concluye que la obesidad es hereditaria, es decir, que se debe a factores genéticos. De hecho, el riesgo de que un individuo presente obesidad aumenta cuando uno de sus parientes de primer orden es obeso. En general, entre el 40-60% de la variación relacionada con la obesidad, como el índice de masa corporal, espesor de la piel, masa grasa y niveles de leptina, han sido establecidos como hereditarios.

Mediante el estudio de las bases genéticas de cada individuo en relación con la ganancia de peso somos capaces de establecer planes nutricionales o dietas adaptados de gran valor nutricional.

Por ejemplo, si como resultado aparece una variante genética asociada con un incremento del deseo o apetito, el plan nutricional deberá incluir herramientas que refuercen aspectos como el autocontrol o el poder saciante de las raciones.

Estas y muchas otras, son las virtudes de esta parte del estudio y que permitirán a cada individuo definir la dieta más adecuada.

Por otra parte, encontrar un componente genético heredable de predisposición a la obesidad puede ser interesante para el cuidado de sus hijos, ya que posiblemente también tengan tendencia a la misma y, por lo tanto, será de vital importancia hacer especial hincapié en el control de su peso durante las etapas de crecimiento y desarrollo para evitar en medida de lo posible que desarrolle el trastorno. En los últimos años, la tasa de obesidad está aumentando de forma exponencial, sobre todo en la población infantil, convirtiéndose en un grave problema ligado a la aparición de enfermedades relacionadas como diabetes, enfermedad cardiovascular, hipertensión, cáncer… Por ello, un cuidado exhaustivo y prevención gracias a estos resultados pueden suponer grandes beneficios sobre la salud y mejorar su calidad de vida.

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