El contenido y características de los ácidos grasos presente en las distintas membranas de las diversas células del organismo varía en función de las necesidades de cada órgano. De esta forma, cada ácido graso, dependiendo de su estructura, tiene unas propiedades físico-químicas concretas que, al formar parte de la membrana, le son transferidas, como consecuencia la membrana será más o menos fluida, más o menos permeable a tal o cual sustancia, y sus movimientos serán más o menos fáciles según sea su componente mayoritario. Por ello, hay que reseñar la importancia del porcentaje en que cada lípido se halla en la membrana, porcentaje que viene predeterminado genéticamente. Hay que aclarar que  no hay una previsión genética sobre el ácido graso concreto que debe ocupar cada posición en cada uno de los fosfolípidos de la membrana lipídica, sino que sólo existe una generalidad sobre las características globales que deben tener. Es decir, mientras las proteínas celulares están determinadas genéticamente, la composición de los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) en las membranas celulares son en gran manera dependientes de su ingestión en la dieta, teniendo una relación directa en muchas patologías.

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Existen dos series de PUFAs: la serie ω-6 y la serie ω-3, ambas series presentes en las membranas celulares. Se trata de ácidos grasos esenciales, debido a que carecemos de la maquinaria enzimática necesaria para biosintetizarlos y por ello tenemos que obtenerlos de la dieta. Como representante básico de los ácidos grasos omega-6 se encuentra el ácido Linoleico (LA; 18:2ω6) y como representante básico de los omega-3, el ácido α-Linolénico (ALA; 18:3ω3).

El deporte es una actividad con evidentes beneficios para la salud, pero cuando el esfuerzo realizado es intenso o de larga duración se producen algunas respuestas que aumentan el riesgo a sufrir lesiones. Conocer cómo afecta la nutrición en los distintos procesos que aumentan este riesgo de lesión nos va a ayudar a poder solucionarlo con una alimentación adecuada y dirigida.

Los distintos tipos de ácidos grasos poliinsaturados mencionados (omega-6 y omega-3) no actúan de la misma forma sobre nuestro organismo. Mientras que los PUFAs omega-3 poseen un fuerte efecto anti-inflamatorio, los PUFAs de la serie omega-6 tienen un efecto pro-inflamatorio. La administración de suplementos de aceite de pescado repercute de manera consistente en los niveles más bajos de la inflamación.

Los dos procesos que más preocupan a los deportistas son los oxidativos (los radicales libres del oxígeno que se generan por nuestro cuerpo cuando éste se somete a un estrés como es el esfuerzo físico intenso) y los inflamatorios (que se agrava por el aumento de la cantidad de ácidos grasos omega 6).
Los ácidos grasos de la serie omega 3 tienen un efecto protector en ambos casos; en primer lugar por su acción antiinflamatoria (agentes antiinflamatorios potencialmente potentes), su uso terapeútico puede reducir los efectos adversos de los procesos inflamatorios, ya que está demostrado sus efectos antiinflamatorios e inmunoreguladores y sus efectos cardiosaludables después de la realización de ejercicio excéntrico. grafico-pufas-4-jpg-gif

Si la inflamación se mantiene elevada después del ejercicio, esto puede impactar negativamente en el dolor muscular, la reparación de tejidos y otros aspectos de la recuperación. La suplementación nutricional con ácidos grasos omega 3 (EPA y DHA) es capaz de reducir la producción de citoquinas pro-inflamatorias, tales como la interleuquina-1, la interleuquina-6, la interleuquina-8 y el factor de necrosis tumoral-a (TNF-α), que se liberan cuando los macrófagos y monocitos son activados.

Las grasas omega-3 aumentan el flujo de sangre a los músculos durante el ejercicio, con lo que reducen el dolor muscular en un 35%, reducen la hinchazón, y aumentan el rango de movimiento después del daño ocasionado por el ejercicio.grafico-pufas-3-jpg

Procesos como la broncoconstricción que se produce por el esfuerzo aerobio intenso en deportistas de élite, o las tendinitis, comienzan a tratarse con ácidos grasos Omega3. En segundo lugar estos ácidos también modula la respuesta oxidativa.

Los altos niveles de inflamación pueden contrarrestar algunos de los efectos positivos del ejercicio sobre la sensibilidad a la insulina y otros beneficios metabólicos. Diferentes estudios también muestran que el aumento de los niveles de ácidos grasos omega-3 mejora la sensibilidad a la insulina, lo que mejora la quema de grasa en los músculos e inhibe la acumulación de grasa. Está demostrando que incluso los omega-3 pueden regular el crecimiento muscular y ser beneficiosos para ayudar a la recuperación muscular, después de una disminución provocada por largos períodos de descanso. Esto es muy importante para los atletas que deben de permanecer en reposo como consecuencia de la lesión muscular, ya que la pérdida de masa muscular puede ser significativa durante este periodo.

En DNActive analizamos la variante genética más fuertemente asociada y que afecta a las respuestas diferenciales de cada individuo frente a una ingesta rica en ácidos grasos omega-3 o en ácidos grasos omega-6. Por lo tanto, se identificará qué PUFAs son los más adecuados para cada tipo de persona.

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