Los científicos saben desde hace tiempo que existen variantes genéticas que afectan a rasgos tan diversos como el tamaño de la nariz y el riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson, si bien los métodos para identificarlos eran hasta ahora poco eficientes.

En el trabajo titulado “Detección e interpretación de influencias genéticas compartidas en 42 rasgos humanos”, un equipo del Centro Genómico de Nueva York (Estados Unidos) afirman haber validado el uso de estudios de asociación de genoma completo (GWAS, por sus siglas en inglés) para desarrollar ese tipo de investigaciones.

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Según un reciente estudio publicado en Current Biology, se ha descubierto que las variantes del gen MC1R es el responsable de que haya gente que parece más joven que otra, aun teniendo la misma edad.

Los investigadores analizaron 8 millones de variantes genéticas distribuidas a lo largo del genoma en 2.693 ancianos, en relación a la edad percibida a partir de imágenes de su cara. Encontraron una asociación entre la percepción de la edad y diversas variantes genéticas en el gen MC1R (conocido por ser el que produce el pelo rojo y la piel pálida).

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Jorge Dotto, médico especialista en patología molecular y genética por la Harvard Medical School, habla sobre la importancia de los test genéticos, válidos para conocer cuál es nuestro punto fuerte y desarrollarlo de la mejor manera posible:

“La prevención genética predispone mejor; permite descubrir lo que cada uno tiene adentro para seguir las pasiones.” También nos permite conocer qué tipo de comida activa ciertos genes, con lo cual es posible cambiar una dieta y volverla más saludable.

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Investigadores de la Universidad de Cornell (Ithaca, Nueva York, Estados Unidos) han comprobado que algunas poblaciones humanas que históricamente siguieron dietas vegetarianas, como India, África y Asia oriental, han desarrolado variaciones en sus ADN que facilitan la síntesis de ácidos grasos procedentes de grasas vegetales.

La variante del gen vegetariano evolucionó en las poblaciones que consumieron una dieta basada en plantas durante cientos de generaciones. La adaptación permite a estas personas procesar eficientemente los ácidos grasos omega-3 y omega-6 y los convierte en compuestos esenciales para el desarrollo temprano del cerebro y el control de la inflamación.

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Como bien sabemos, nuestro genoma contiene variaciones entre individuos.

Estas variaciones genómicas establecen diferencias a nivel poblacional, marcan la predisposición a determinadas enfermedades e influyen en el funcionamiento general del organismo.

El ADN de nuestras células es, por lo tanto, el responsable de cómo somos, y eso afecta también al ámbito nutricional. Hoy en día se han identificado determinadas variantes genéticas implicadas en los requerimientos nutricionales de cada individuo. Estas variantes se presentan como las principales responsables de impulsar diferencias en la forma en que la gente se beneficia de los nutrientes.

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